Mezocsat 1941

Los judíos de Hungría habían sobrevivido los primeros cuatro años y medio de la guerra, casi ajenos a lo que estaba sucediendo en otros países bajo dominio nazi. Eran ciudadanos patriotas que se habían identificado con la causa de los magiares desde la revolución anti-Habsburgo. Y habían sido emancipados simultáneamente con el establecimiento del Imperio Austro-Húngaro en 1867.
Pero el alineamiento de Hungría con la Alemania nazi y la Italia fascista demostró ser altamente beneficioso para el gobierno Húngaro. Entre 1938 y 1941 recuperó grandes partes del territorio de Checoslovaquia, Rumania y Yugoslavia. Simultáneamente con cada readquisición territorial, Hungría adoptaba una serie de leyes anti-judías cada vez más severas y un gran número de decretos para implementarlas. Bajo la presidencia de Miklos Hothy estas leyes fueron impartidas, emulando las leyes alemanas de Numberg, La primera ley, promulgada en mayo de 1938, restringía el número de judíos en cada empresa, en la prensa, el número de médicos, ingenieros y abogados, de estudiantes universitarios al 20 %. La segunda ley, en mayo de 1939 definía a los judíos racialmente: las personas con 2, 3 o 4 abuelos fueron declaradas judías. Quedaba prohibido que sean empleados por el estado en todos los niveles. La tercera ley (agosto de 1941) prohibía el casamiento entre judíos y no judíos.
En el año 1941, el ejército húngaro comenzó a apresar hombres y a reclutarlos para realizar trabajos forzados en los distintos puntos estratégicos en la guerra contra la Unión Soviética. Estas unidades de trabajo eran utilizadas para reparar caminos bombardeados, construir aeropuertos o limpiar campos minados en el frente con las propias manos.
También Iacov Tzvi fue reclutado y deportado a un campo de trabajo en Ucrania, Darnitsa, cerca de Kiev. Quienes han sobrevivido a los campos de trabajo en Kiev atestiguan que las condiciones de trabajo eran infrahumanas; la misma dotación que controlaba Darnitsia fue una de las responsables de la matanza atroz y cruel de Babi Yar.
Ya en el campo de trabajo, contaría luego Iacov Tzvi, al ver que un guarda estaba liando un cigarrillo con una página del Schuljan Aruj, le propone el siguiente trato: a cambio del libro Iacov le cedería al guarda la ración de comida de una semana. El guarda aceptó y le entregó el libro. Iacov Tzvi escribió esta plegaria en su portada: “que en mérito a esto el Todopoderoso lo salve, así como él salvó al libro, y pueda volver en paz a su hogar, hacia su mujer y sus hijos”.
Al tiempo, el presidente húngaro Horthy se enteró de que un dignatario judío amigo suyo había sido confinado en Darnitsa, y emitió un decreto por el cual, todos los que padecieran de un mal estado de salud y no sean aptos para el trabajo sean traídos de vuelta a sus casas en Hungría. Junto con este dignatario fueron enviados 600 judíos de vuelta. En ese grupo estaba Iacov Tzvi quien vio en ello la mano de Dios, que le retribuía el haber salvado el libro a cambio de su pan. Este hecho le permitió a Iacov Tzvi volver con su familia y compartir con ellos tres años más, hasta la deportación definitiva a los campos de exterminio en 1944.
También su tío Ateres Tzvi, había sido reclutado en los batallones de trabajo. Los rabinos no estaban acostumbrados al trabajo físico, en épocas normales jamás hubieran hecho el servicio militar. “Los oficiales a cargo lo mandaron de vuelta al gueto, de buena fe. Nadie podía sospechar aún que unos meses más tarde sería deportado junto con su familia a Aushwitz.” Mientras tanto, José había vuelto de la ieshiva de Salgotarjan a Mesocsat, para hacerse cargo, como hijo mayor de la manutención de la familia. Como todas las ieshivot de Hungría, la de Salgotarjan no fue una excepción, las leyes antijudías acometieron contra los centros de estudios y todos fueron cerrados.
El ambiente en las calles de Mesocsat había cambiado. Había más presencia militar y policial y ya se dejaban ver grupos de la cruz flechada, el temible partido nazi húngaro. Si bien había episodios de antisemitismo, estos no pasaban de ser bravuconadas callejeras. En general, se respetaba a las familias con las que la población convivía pacíficamente.
“En el año 1941 Fridlander, un comerciante importante, fue denunciado por vender con sobreprecios algunos artículos de su comercio. En épocas normales esto solo hubiera sido considerado un un delito menor y se hubiera solucionado en un tribunal rabínico. Pero estas ya no eran épocas normales y “algunos judíos temían que las faltas de unos pocos perjudicaran al resto. Entonces entregaron a Fridlander a un tribunal común que terminó por enviarlo a Kistarcsa, un campo de concentración húngaro para presos políticos, criminales y desertores. Volvió en Pesaj del año 1944 para estar con su familia. Luego se suicidó para no volver al campo. El consejo determinó que su muerte fue “al kiddush hashem” (por la Santidad del Buen Nombre), como una manera de reparar la injusticia que se había cometido con él, y en vez de ser enterrado contra el paredón, como determina la ley con los suicidas, se lo enterró con honores. Lo más triste es que de camino al cementerio, vimos llegar por la ruta los primeros jeeps alemanes.”
Ese mismo año a José lo acusaron de no descubrirse la cabeza al pasar por el frente de una iglesia, aunque todos sabían que un judío observante siempre mantiene su cabeza cubierta. Como castigo recibió un golpe de cachiporra de manos de un gendarme. “Al día siguiente fui citado en la gendarmería. El comandante del área de Mezocsat se llamaba Gestesi y pidió que me castiguen por ser comunista. Era una situación lamentable, los gendármes conocían a mi familia de toda la vida. Al final todo se resolvió con una patética pantomima. Recuerdo la caminata hacia el cementerio, que era un lugar apartado, lejos de las miradas de todos. Ellos tenían que demostrar que me pegaban y yo tenía que gritar, para que todos oyeran que me estaban pegando. Después me pidieron que me saque los zapatos y que corra. Y así lo hice.”