Halina en un cuento de hadas
Halina recuerda su casa como un alto edificio de madera, de enormes ventanas con un amplio porche en la entrada, al cual se accedía por una escalera de dos o tres peldaños que protegía a la casa del barro que enlodaba las calles en días de lluvia. El interior, oscuro y fresco en verano, se transformaba en cálido y acogedor en el invierno gracias a los nuevos sistemas de calefacción que había instalado el tío Fishl. En el living, sólidos muebles de madera oscura, sillas y banquetas con suaves tapizados sobre una alfombra bordadas, una lámpara de opalina junto a las gruesas cortinas, los retratos de los abuelos sobre las paredes, los candelabros sobre una segunda mesita debajo de la ventana, el samovar cerca del vajillero en donde traslucían las copas que se usaban los sábados y los días de fiesta. Era una típica casa burguesa que su madre administraba con dedicación.
La biblioteca ocupaba un lugar importante en la sala. Los estantes colmados de libros que su padre le leía en voz alta, incluían textos religiosos judíos, obras de los grandes escritores de la literatura ídish moderna como Scholem Aleijem, Peretz, Nomberg, las novelas del hijo prodigo de la ciudad, Wladyslaw Reymont y las obras de los grandes poetas nacionales polacos. En la casa se hablaba polaco, aunque con los abuelos y algunos vecinos su madre, Sara, hablaba el idish.
Su padre era un nacionalista polaco, un patriota que había luchado junto a a Piłsudski. Cuando el general entró a Radomsko en el año 1921, Schmuel Parys marchó con él. Sus acciones le valieron el ascenso a oficial y después de la guerra, la concesión del fraccionamiento de la cal y del carbón, una explotación que hasta entonces estaba vedada a los judíos.
Piłsudski fue considerado por muchos como el «salvador de Polonia» por haber liderado la guerra de independencia contra alemanes y soviéticos y por dirigir la reconstrucción de un estado polaco soberano tras más de un siglo de particiones. Piłsudski apoyaba una política multicultural de tolerancia hacia las minorías étnicas. De allí la gran lealtad que le profesaban muchos de los judíos polacos. De ahora en más, los judíos podrían ser parte de los gobiernos municipales.
Halina recuerda con cierto desencanto la alegría y la pompa de las fiestas patrias polacas. “Durante los festejos del día de la independencia, todo se llenaba de banderas, guirnaldas y flores. Mi padre y mi tío ocupaban lugares de honor junto a las autoridades de Radomsko y participaban del desfile encabezando la marcha de las fuerzas populares. Todos los respetaban y los reconocían por sus servicios prestados a la patria. Después, los trataron como a animales y nada de eso les importó.”
Shmuel y su hermano participaban activamente en la vida económica y política de su ciudad. Shmuel era miembro del Bund, un partido de izquierda que agrupaba intelectuales y trabajadores judíos. El tío era miembro del concejo comunal y representaba a la facción de izquierda sionista de la comunidad judía. Tenía muchas aptitudes técnicas: era cerrajero y también se dedicaba a instalar estufas de gas y carbón, como las que había en la casa de Halina. En cambio su mamá, Sara Kalishek, provenía de una familia mas tradicionalista que había vivido por largas generaciones en el pueblo cercano, Roszpsza. Una vez casada, Sara se mudó a Radomsko.





